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24 julio 2006

El nerviosismo del detenido

Hasta Justicia sevillana ha llegado un comentario respecto a un incidente ocurrido hace unos años en el juzgado de guardia con un detenido que, al parecer, estaba muy nervioso. Cuando estaba en los calabozos el individuo no paraba de gritar y gritar, llegando su potente voz hasta las plantas superiores de los juzgados. Un fornido guardia civil condujo al detenido ante el juez de guardia para prestar declaración pero, antes de entrar en el despacho del magistrado, el reo continuó con sus gritos y se agarró fuertemente al marco de la puerta para evitar que lo metieran dentro. El guardia civil se aproximó al juez y le dijo:
--Señoría, el detenido parece que está algo nervioso. Permítame que hable unos segundos con él. Y así, se lo llevó hasta el pasillo, fuera del despacho del juez. A los pocos segundos, el detenido entró muy pacífico en la habitación, encorvado y sujetándose sus partes con ambas manos. Su rostro reflejaba un gran dolor.
--¿Le ocurre algo? ¿Quiere usted denunciar algo? ¿Le han pegado? --preguntó el juez.
--No señoría, no ocurre nada --respondió el individuo continuando con su dolorido semblante y aplicando esa ley no escrita tan habitual en el mundo presidiario: la ley del silencio. Cuentan quien presenció la escena que la patada debió de ser de cojones porque donde una vez hubo gritos, ya tan sólo paz y sosiego. La Guardia Civil, como refleja esta anécdota, también es capaz de sofocar el nerviosismo de los detenidos......

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